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PUTIN: ¿El regreso del Zar?

  • Foto del escritor: Gilma Betancourt
    Gilma Betancourt
  • 25 feb 2022
  • 4 Min. de lectura

EL PERFIL DEL LÍDER


El 9 de agosto de 1999, Borís Yeltsin anunció el nombramiento del entonces poco conocido director del Servicio Federal de Seguridad de la Federación Rusa (FSB), Vladímir Putin, como primer ministro de Rusia.


Dijo entonces: "Ahora he decidido nombrar a la persona que, en mi opinión, es capaz de consolidar nuestra sociedad, garantizar la continuación de las reformas en Rusia con el apoyo de las mas amplias fuerzas políticas. Él será capaz de ponerse al frente de los que en el nuevo Siglo XXI tendrán que renovar nuestra gran Rusia".



20 años después, Vladímir Putin ejerce su

cuarte mandato presidencial y su nombre ya es inseparable de la historia de su país.

En 20 años al frente de Rusia, Vladímir Putin ha acuñado su imagen de líder capaz de devolver a sus compatriotas el orgullo y el

respeto de los que disfrutaron como

ciudadanos de la extinta Unión Soviética.

Putin ha fundado su estrategia de gobierno en la estabilidad, construyendo una democracia dirigida. Conectó de forma extraordinaria con el “colectivo ruso”, su psicología y sus

estereotipos. En relación a Occidente, Putin es capaz de asumir grandes riesgos en

contraste con los dirigentes de sociedades postindustriales complicadas.


La televisión, la principal fuente informativa de los rusos, contrapone un “occidente degradado” a una Rusia patriarcal, que se aglutina en torno al líder en defensa del Estado.




Lev Gudkov, director del centro Levada, distingue tres niveles para explicar la popularidad de Putin: uno “mitológico, casi metafísico”, otro “cotidiano” y un tercero, caracterizado por la “identificación personal del ruso de a pie con el líder”. En el primero actúa “la imagen carismática del líder”, el “héroe que lucha contra los enemigos seculares de Rusia en un entorno hostil”. Putin se presenta como “padre de la nación” con él que “nadie puede medirse”.




Pero, al valorar la lucha contra la corrupción o con problemas de la vida real, los rusos son

mas críticos: un tercio simpatiza con Putin en su papel de “árbitro en la lucha entre clanes corrompidos”, un quinto lo ve como a un “padrino” con “desagrado y miedo”, afirma Gudkov. La mayoría, sin embargo, es indiferente y actúa “por oportunismo encubierto o por temor”.

Como personaje con el que los rusos pueden identificarse, Putin actúa con “gran

maestría” y por su propia iniciativa.



“A la gente le gusta porque tiene los

mismos complejos y defectos de

ellos”.

Putin ha dado a sus compatriotas un punto de referencia tras las turbulencias que siguieron a la desintegración de la URSS.

El Kremlin alimenta la ideología, según la

cual Rusia, habría dejado de estar de

rodillas ante un occidente hostil.



Pero el recurso a la movilización patriótica podría desgastarse, pues la sociedad, que aprobó la anexión de Crimea, ha sido

más parca ante la presencia militar rusa

en Siria y actualmente no son pocos los

rusos que desaprueban los actuales hechos en Ucrania.


En los últimos años la capacidad adquisitiva de los rusos se ha deteriorado, y las

protestas económicas se han venido transformando en movilizaciones

políticas. Tras los hechos de Ucrania hay un buen numero de variables, una de ellas es

la necesidad de Putin de fortalecer sus imagen política, ante una oposición que día a día crece.



Putin claramente está diseñando su propio futuro. Una teoría es que podría convertirse

en el nuevo y poderoso líder del Consejo de Estado, lo que lo situaría por encima de la

presidencia Rusa.

La pandemia global del coronavirus le permitió al presidente ruso argumentar que su Gobierno debía ser asegurado hasta 2036 para evitar la "agitación", al tiempo que descartaba convenientemente cualquier protesta masiva por razones de seguridad.


La corte más alta de Rusia, el Tribunal Constitucional, respaldó los cambios en la Constitución propuestos por el presidente Vladimir Putin, eliminando uno de los obstáculos que quedaban para que permanezca en el poder hasta 2036.



Putin podrá volver a presentarse en 2024 y

mantener el timón en sus manos seis o hasta 12 años mas si vuelve a concurrir. El

procedimiento: que la nueva Constitución ponga a cero su contador de mandatos. Ya no será el tercero consecutivo, sino el primero de una nueva era.


Ahora cuando la pandemia ya no es un argumento viable aparece el caso de Ucrania, que abre nuevas posibilidades


La guerra en Ucrania va a tener costos muy altos para todos los involucrados, incluida Rusia, que puede perder un gran porcentaje de su mercado, y ver comprometido su futuro por las afectaciones a su deuda publica y al sistema bancario.


El riesgo mayor está justamente en los rasgos de personalidad del presidente ruso y en su capacidad para asegurarse una duma cien por ciento leal con unos mínimos de

oposición posible.


Sus acciones son desconcertantes pues hacen muy difícil la mediación del conflicto en el mediano y largo plazo, de manera que

podría no solo estar sepultando a Ucrania, sino también cavando la fosa para la propia Rusia, que dice querer engrandecer.


Putin ha juzgado equívocamente a sus

adversarios, subestimando tanto al gobierno de EE.UU como a los lideres de la UE,

ha obviado la nueva posición del Reino Unido, que fuera de la Unión se alinea con

mayor facilidad del lado norteamericano.




Además ha debilitado a sus mayores aliados en Europa, Alemania y Francia.

Y se basa en el endeble apoyo de una China que más allá de objetar las sanciones, no tiene la capacidad, la voluntad, ni la libertad de participar en un conflicto, que conviene desde casi

todos los puntos de vista a sus intereses.

Ahora puestos ante el escenario bélico nos preguntamos ¿el pueblo ruso va a seguir apoyando a su líder? ¿Podrá Putin contener el descontento de un pueblo cuyo futuro va a verse comprometido por los mismos errores del pasado?

¿En caso de verse acorralado financieramente, cual va a ser el escenario que va

a preferir Vladimir Putin?

Ciertamente Rusia es la segunda potencia militar del mundo, pero su economía

dista mucho de estar creciendo y ser solida,

millones de rusos sueñan hoy con un estado de bienestar como el de sus vecinos

europeos, la guerra de Ucrania sitúa este panorama más y más lejos.




Finalmente recordemos al Zar Nicolás II, quien perdió el trono y a Rusia justamente por insistir en

una política belicista que lo llevo a ser derrotado en Japón en 1905 y a una sin salida durante la I

guerra mundial, ¿será por tanto Putin el nuevo Zar?


- Gilma Betancourt Historiadora


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