UNA MIRADA A LA CRISIS EN UCRANIA
- Gilma Betancourt

- 7 feb 2022
- 4 Min. de lectura
Ucrania es un territorio potencialmente decisivo para Rusia, está arraigada
en el centro de su historia, no en vano en Rusia se dice “Novgorov es el padre,
Kiev es la madre y Moscú es el corazón de todas las Rusias” quizás por ello
Ucrania era conocida como reino de Rusia. Ucrania tierra de cosacos constituye l
a frontera occidental de Rusia y ha jugado un papel determinante no solo en la
constitución del Imperio Ruso, sino también de la URSS.

Pero estos vínculos no deben engañarnos, también la historia nos presenta las
contradicciones y pugnas que desde siempre han existido, esas por las cuales
Ucrania luchó contra los soviéticos tras la primera guerra mundial y hubo de sufrir
duramente los efectos de la colectivización, que arrojaron 1.5 millones de muertos
y dejaron una amplia estela de hambruna en 1920.
Y aunque en la década de los veinte, Ucrania tuvo que asimilar las políticas soviéticas
que transformaron su rostro y quedó firmemente unida a Rusia, con la que, compartió
un mismo destino durante la segunda guerra mundial, la postguerra y la guerra fría, las
distancias étnicas, culturales, económicas y políticas subsistieron y siguen siendo
decisivas aún hoy.

El vínculo político duró hasta el 16 de Julio de 1990, cuando se firmó la declaración de
Soberanía Estatal de Ucrania, estableciéndose las bases para la libre determinación de
este territorio. Este proceso se reafirmaría el 8 de diciembre de 1991 cuando se disolvió
la URSS, y se haría aún más sólido con la firma del acuerdo de amistad entre Boris
Yeltsin y Leonid Kuchma el 31 de mayo de 1997.
Sin embargo, el cambio de gobierno en Rusia llegó con otras perspectivas, y las
cercanías se constituyeron en procesos de intervención, más o menos explícitos,
que hoy llevan la región al borde de una escalada militar de amplias proporciones.

¿Qué ha impulsado este proceso y cómo se ha
llegado hasta aquí?
En primer lugar, tenemos una compleja geopolítica, heredera de un panorama de
guerra fría que tras desaparecer deja a Rusia bastante golpeada en su papel de
potencia mundial, a lo que se suman factores tan delicados como la crisis económica,
la presencia de China y la intención de mantener el poder por parte de Vladimir Putin.
Desde esta referencia Ucrania sale siendo un peón estratégico que le permite al
presidente ruso reposicionar sus esferas de poder externo e interno, renegociar los
acuerdos económicos con EE. UU y la Unión Europea, y mantener un área de
influencia sin la cual su nación seria absolutamente vulnerable.

En segundo lugar, y de un modo más trascendente, están las diferencias y
contradicciones que dividen a la población ucraniana entre rusofilos, independentistas
y ucranianos pro occidentales, antirusos. Ha sido esta división la que en gran medida ha
incrementado la escalada del conflicto y ha generado el enfrentamiento bélico que
viene desarrollándose desde 2021 en las áreas separatistas de la región de Donbas,
consecuencia de los hechos desarrollados entre 2013 y 2014.
En 2013 el Kremlin aprovechó la cercanía existente con Ucrania, para influir en
la política exterior de este país, aprovechando sus nexos económicos y mostrándose
particularmente sensible ante ciertas iniciativas ucranianas interpretadas como
protooccidentales.

En noviembre de 2013 el gobierno de Viktor Yanukóvich, fuertemente impactado
por las condiciones impuestas por Rusia, retrocedió en su política de ingresar a la
UE, generando el movimiento popular de la dignidad o Euromaidán, que a su vez
desencadenó una movilización rusófila; que condujo a la invasión de las tropas
rusas a Crimea el 26 de febrero de 2014, en apoyo de los independentistas.
Tras la independencia de Crimea un nuevo grupo de separatistas ucranianos ha
ocupado las regiones orientales de Ucrania, de Donetsk y Lugansk, en la zona de
Donbas, las que mantienen bajo su control desde hace siete años, contando para
ello con el respaldo de Rusia, – cuyo ejercito también ha sido visto desplegado en
la zona, aunque el Kremlin lo niega.

Rusia ha desafiado un buen número de sanciones económicas y políticas generadas
por su intervención en Ucrania, sanciones que han significado a su vez duros golpes a
la economía global; no obstante, el Kremlim y particularmente Vladimir Putin insisten en
mantener su posición y no permitir que occidente cruce lo que ellos llaman la línea roja,
cuestionando además la postura occidental respecto al incumplimiento de los acuerdos
de Minsk.
En cuanto al conflicto en sí
La relación de fuerzas de las dos naciones es del todo desigual. Rusia mantiene su posicionamiento como potencia militar, mientras que Ucrania difícilmente tiene
cómo defenderse, pese a su larga trayectoria como fabricante de armas; ya en
tiempos de la URRSS suministraba el 30 % de las partes usadas en la industria bélica.
Fue precisamente esta situación como productor y comerciante, la que la
llevó en 2014 a mantenerse al margen de la OTAN, pues para ese entonces
sus principales compradores eran China, Pakistán y Rusia.
Pero sería en ese mismo año de 2014 cuando su posición cambiaría debido
a los procesos separatistas de partes importantes de su territorio; para ese
momento la situación militar del país era muy difícil, pues sus tropas estaban
mal preparadas y mal apertrechadas y carecía del arsenal necesario para
enfrentar a Rusia.

Acudió entonces a EE. UU y a la OTAN quienes han venido apoyándola con asesores
militares y armas defensivas, como tanques, que han ayudado a disminuir las bajas en
combate. En los últimos meses también han enviado 37 lanza cohetes Javelin, con sus
respectivas cargas, pero han condicionado su uso a que no sean llevados al frente de
batalla y que se les use únicamente como esquema defensivo, lejos de la frontera rusa;
pues la idea es disuadir a Rusia de entrar en la guerra.
Por su parte EE. UU está apoyando a Ucrania con preparación de fuerzas y
financiación, 2500 millones de dólares, que le ha permitido a Ucrania tener vehículos.

Entre tanto, la alarma rusa crece, lo que obedece, entre otras cosas, a verse
totalmente rodeada por la OTAN, después del ingreso a la misma de Estonia, Letonia,
Lituania, Polonia, República Checa, Eslovaquia, Rumania, Hungría, Eslovenia, Albania,
Croacia, Montenegro, Macedonia del Norte y Bulgaria; por lo que Rusia solo cuenta con
Bielorrusia y Ucrania como barreras defensivas. Pero también por el incumplimiento
reiterado de los acuerdos firmados, tanto por parte de Ucrania como de la OTAN.
Esta última, por su parte, presenta divisiones internas y es tan poco proclive a integrar
a Ucrania, como a ceder ante Rusia. Siendo para la mayoría de los países miembros
más significativa una “paz” con Rusia, que respaldar a Ucrania. Sin embargo, tiene
claro que el espacio político ucraniano abre la posibilidad de renegociar las áreas
de poder geopolítico.
Por ahora la OTAN insiste en la necesidad de desescalar el conflicto, recurriendo a las
vías diplomáticas mientras enfrenta los procesos de división interior, debidos a la
discrepancia de intereses.
- Gilma Betancourt Historiadora




Excelente Dra Gilma al plantear claramente los conflictos entre Rusia y Ucrania y el por qué de la intervención de la OTAN, tratando por vías diplomáticas impedir una salida de consecuencias desastrosas...
Muchas gracias,