Los Fatimíes gobernantes de Egipto
- Gilma Betancourt

- 16 dic 2021
- 2 Min. de lectura
La dinastía Fatimí proveniente de la región del Magreb en el noroeste de África
(actuales Argelia, Libia, Mauritania, Marruecos; Sahara occidental y Túnez, se hicieron
con el control de Egipto en el año 969, la capital administrativa del imperio era Al
Fustad, pero el califa Chauhar al Siqlí fundo la ciudad de Al Qáhira (El Cairo “la invicta”)
como su sede palacial y el recinto de sus ejércitos, en 1169 el Cairo paso a ser la
capital.
El principal reto fue el gobernar una mayoría Sunnita siendo ellos Chiitas. Los fatimíes
afirmaban ser los legítimos descendientes de Fátima la hija del profeta Mahoma. Su
característica más importante fue la libertad de pensamiento y la razón extendida a las
personas, que podían creer en lo que quisieran, siempre que no infrinjan los derechos
de otros. Ellos crearon púlpitos separados para gentes con diferentes vertientes de la fe
islámica, y no censuraban a quienes desde ellos se pronunciaban, aunque estuvieran
en su contra.

Esta tolerancia jugo en su contra pues la mayoría de la población egipcia
se mantuvo fiel al sunismo. La fe ismaelita solo opero en términos de la justicia y de las
fiestas religiosas.
Su historia es la del conocimiento, la filosofía, el arte y la cultura, tuvieron una enorme
trascendencia en estos campos, misma que aún perdura. Hicieron su conquista de
Egipto contando con guerreros de las tribus berberiscas, pero una vez controlaron el
lugar incorporaron a la población local a sus filas, preparándose para enfrentar al
califato sunita de los Abasíes.
Precisamente de esta campaña debieron enfrentar las tropas turcas que servían bajo órdenes Abasíes, entonces ellos también reclutaron tropas de este tipo, así como contingentes africanos y armenios.

Finalmente, en el año de 1160 la estructura de poder fatimí colapso debido a varias
causas: el abandono de los bereberes del Chiismo y su vinculación con el califato
Abasí, el debilitamiento del poder central debido al sistema de la Iqta por el que los
militares destacados recibían tierras en los lugares más alejados del imperio, el
desgaste debido a la guerra recurrente contra diversos enemigos, entre ellos los
europeos del Emirato de Sicilia – creado tras la primera cruzada – y especialmente
tras la llegada de Shirkuh enviado de Zanguí Nur al Din, y tío de Saladino, con quien
empezaría el Sultanato Ayubí de Egipto y Siria.
Gilma Betancourt Historiadora | @gilmabetancourthistoria
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