Cuando la Música Moviliza al Pueblo: Patria y Vida
- Gilma Betancourt

- 22 nov 2021
- 3 Min. de lectura
La música hace Historia, crea conciencia, proyecta el ser individual y colectivo.
Desde el siglo XIX y sobre todo en el XX, ella ha sido un importante canal de
expresión social y política, y ha dado pie a los procesos de movilización, transformación
y empoderamiento.
Lo más interesante, sin embargo, no es que aparezca y sea acogida, sino el modo como los regímenes políticos la encaran. Se puede decir que un sistema político se puede
evaluar a través de lo que musicalmente se permite, y a quién se le permite.

En los años de 1933 a 1945 en la Alemania Nazi se permitió la música que respaldaba
la ideología anti semita, guerrerísta y totalitaria; así como en los años 70 en EE. UU se permitió la Música en contra de la guerra de Vietnam, que contribuyó a la derrota del belicismo.
Esta tendencia avanzaría pasando por canciones como las antifranquistas: Ejército del Ebro; A la huelga y A la calle; censuradas en la España franquista y cantadas en voz muy baja; pasando por Libre, la emblemática canción interpretada por Nino Bravo y compuesta por
José Luis Armenteros y Pablo Herreros; que relata el intento de huida de Alemania orientar, realizado Peter
Fetcher, un joven de 18 años, quien fue brutalmente ajusticiado en la franja mortal entre Berlín oriental y occidental. Todo hasta llegar a la icónica Imagine de John Lennon.

América Latina no sólo no ha sido la excepción a la regla, sino más bien un espacio permanente para la movilización musical. Esta avanza desde la música de la
revolución Mexicana y sus corridos; empezando por la “Negra”, pieza con la que
abren los mariachis sus funciones, y que se llama así en honor a la más emblemática de las locomotoras de los trenes del ejército de Pancho Villa; y siguiendo con la Adelita, que
cuenta la historia de amor entre la soldadera Adela Velarde y el Sargento Antonio Gil del Río Armenta, quien todas las noches le traía serenata.

De México pasa la música haciendo revolución hasta Cuba, El Salvador y Nicaragua. En estos países lo hará a su modo con sus misas y canciones campesinas como
Quincho Barrilete, Juanito Tiradora y María de los Guardias. En Cuba por otra parte la revolución dará paso a toda clase de géneros , desde las canciones de manifestación
como “Y en eso llegó Fidel”, de Carlos Puebla, hasta las de la nueva trova cubana como La maza de Silvio Rodríguez, Playa Girón, entre otras muchas.

Pero en América latina la música no sólo ha hecho la revolución, también ha hecho política como lo hicieran Violeta y Nicanor Parra, Víctor Jara, Killapayum,
Intiillimani, e Illapu ,entre otros, en la parte hispana; o Caetano Veloso, Chico Buarque, María Betania, en Brasil,
o nuestros queridos Ana y Jaime en Colombia.
Los alcances de esta música han sido enormes, así, lo testimonia la caída de las dictaduras militares de Chile, Argentina y Brasil; y no solo su caída, sino también el
impacto en luchas como la de encontrar a los desaparecidos o poner cese al
conflicto: “Todavía cantamos, todavía pedimos, todavía soñamos todavía esperamos, que nos digan a dónde han sepultado la risa, de los que amamos tanto”.
Música para pensar, para pronunciarse, para vivir, para hacer política. Música que inquieta a la censura, porque se nos mete al alma y nos conmueve. Música que nos deja saber que un régimen político peleando en su contra, es como un cocodrilo luchando con una mariposa: El cocodrilo sabe que esta pequeña criatura que poliniza las flores puede poner en riesgo su
existencia, lo más interesante es que aquí se cumple justo el ejemplo de la canción de los dinosaurios de Charlie García – única que paso la censura del régimen de Videla, a la que voy a parafrasear “Los amigos del barrio pueden desaparecer, los que están en la radio pueden desaparecer, pero los dinosaurios van a desaparecer” decía Charlie hablando de los dinosaurios ; yo diré “Pero las mariposas no van a desaparecer”.

Siguen aquí, para causar efectos, para mover a las personas con su idea y su pertinencia, ojalá tuviéramos más música y menos balas, más libertad y menos miedos, mas política y menos dictadura, más patria y más vida, sin importar cuál sea nuestra posición ideológica.
Gilma Betancourt Historiadora | @gilmabetancourthistoria
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