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Un día de ensueño en Samarcanda

  • Foto del escritor: Gilma Betancourt
    Gilma Betancourt
  • 22 nov 2025
  • 2 Min. de lectura

“Bueno, para este día toca ropa ligera, la que no aprieta ni pesa. Una camiseta fresquita, un pantalón o falda que nos deje movernos sin problema y unos zapatos buenos para caminar porque sí, vamos a caminar bastante. Traigamos una botella de agua, un sombrerito para el sol, bloqueador —porque ese sí que es nuestro mejor amigo— y un bolsito liviano. Ah, y llevemos algo de dinero porque seguro vamos a querer comprar cositas lindas por el camino.”


Y entre esas cositas que seguro nos van a tentar están, por ejemplo:


Pañuelos de seda con los colores de la Ruta de la Seda, Cerámica azul uzbeka, de esas que brillan con cualquier luz, Frutas secas y dulces tradicionales, perfectos para picar y para llevar de recuerdo...


Bibi Khanym Tea House 8:00 a.m.


Comienza el viaje y Primero lo primero: Desayunito rico.

Vamos al Bibi Khanym Tea House, donde el pan recién hecho llega calientico y el té huele a flores. Mientras comemos, miremos alrededor: Ya desde aquí se siente esa mezcla de historia viva y vida cotidiana que hace a Samarcanda tan especial.

















🕌 Plaza del Registán – 9:00 a.m.


Vámonos a caminar hacia el Registán.

Apenas entremos, detengámonos un momento: las tres madrasas parecen un escenario gigante. Acerquémonos a los azulejos; fijémonos en los detalles: estrellas, flores, patrones infinitos. Cada uno es un pedacito del universo creado hace siglos.



Mercado Siab – 11:00 a.m.


Caminemos hacia el Mercado Siab, que siempre es una fiesta de colores.

Aquí lo que vale es probar: orejas de elefante (ese pan grande), frutas secas, dulces de sésamo. Escuchemos los vendedores, que siempre tienen una historia para contar.

Si queremos refrescarnos, pidamos un ayran frío o un té verde que nunca falla.






Bibi Khanym – 12:30 p.m.


Al salir del mercado, la mezquita Bibi Khanym nos queda ahí mismo.

Entremos con calma. Fijémonos en la cúpula enorme: fue una de las más grandes del mundo en su época. Tiene esa vibra de monumento casi imposible, como si fuera demasiado grande para ser real.




🍽️ Almuerzo – 1:30 p.m.


Vamos a Platan o a Samarkand Restaurant, donde preparan uno de los plovs más ricos de la ciudad. Mientras esperamos, miremos cómo lo sirven:


El arroz bril­la, las zanahorias parecen hilos de oro y la carne siempre

llega tiernita. Esto es parte del viaje tanto como los monumentos.




Necropolis Shah-i-Zinda – 3:00 p.m.


Sigamos hacia Shah-i-Zinda, uno de los lugares más impactantes.

Cuando entremos al corredor de mausoleos, bajemos un poquito el ritmo: aquí los colores se vuelven más intensos, los mosaicos casi hipnóticos. Fijémonos en cómo cambia la luz sobre los azules: parece que las paredes respiraran.



✨ Observatorio Ulugh Beg – 5:00 p.m.


Subamos hasta el observatorio.

Aquí la magia es otra: estamos frente al lugar donde se estudiaron las estrellas siglos antes del telescopio moderno. Asomémonos al gran arco del sextante y pensemos en esto: desde este mismo punto se midió el cielo con una precisión que aún sorprende.



Atardecer en el Registán – 6:30 p.m.


Regresemos al Registán para el cierre.

Sentémonos en la plaza y veamos cómo las madrasas cambian de color. El azul se vuelve oro, el oro se vuelve naranja y de repente aparece la noche. Es uno de esos momentos que se quedan guardados para siempre.



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