top of page

Parte 2 La Capilla Sixtina un espacio que sorprende.

  • Foto del escritor: Gilma Betancourt
    Gilma Betancourt
  • 19 ene
  • 3 Min. de lectura

Las escenas escogidas para esta decoración central proceden del libro del Génesis. El programa iconográfico desarrolla un recorrido que va desde la creación hasta la esperanza de la salvación, pasando por la caída y la corrupción del ser humano. Todos estos elementos están presentes: la creación, visible en las escenas donde Dios actúa directamente; la caída de Adán; la corrupción, que se manifiesta tanto en la caída como en la embriaguez de Noé; y, finalmente, la esperanza de la salvación, presente en el sacrificio de Noé y anticipada también en la escena de la creación de Adán.



Los primeros frescos que Miguel Ángel pintó fueron los relacionados con la historia de Noé, realizados entre 1508 y 1509: La embriaguez de Noé, El diluvio universal y El sacrificio de Noé. A primera vista, esta elección puede parecer extraña, pero no debemos olvidar que Miguel Ángel era un profundo conocedor de la Biblia y que, como heredero del pensamiento neoplatónico desarrollado en Florencia en torno a los Médici, estaba convencido de que la belleza es un reflejo de Dios y que el cuerpo es expresión del alma. Por ello, lo que se representara en la bóveda debía trascender al espectador, como efectivamente sigue ocurriendo hoy.


Miguel Ángel presenta a Noé como representante de una humanidad que ha sobrevivido al pecado gracias a la gracia divina, pero que continúa en una condición de caída. Noé no es el final del relato, sino un puente entre el Génesis y la futura redención.





La primera escena dedicada a Noé que aparece ante nosotros es La embriaguez de Noé. Aunque es un hombre justo, Noé cae en el pecado y se embriaga, quedando expuesto ante sus hijos, dos de los cuales lo humillan. Miguel Ángel muestra así que ni siquiera el elegido por Dios es perfecto. Subraya que el pecado no desaparece tras el castigo del diluvio y refuerza la idea de que la humanidad no puede salvarse por sí sola, un elemento clave para comprender el sentido global de las imágenes de la Capilla Sixtina.


La escena central es, inevitablemente, El diluvio universal, un fresco de 280 por 570 centímetros. En él se percibe que Miguel Ángel aún se encuentra en una etapa inicial de su trabajo: algunas figuras resultan demasiado pequeñas y la composición es muy compleja. El arca, más que un barco, se asemeja a una gran casa o a un templo, en clara alusión al Templo de Jerusalén. El dramatismo de la escena recuerda proyectos anteriores del artista, como la inacabada Batalla de Casina que debía enfrentarse a la Batalla de Anghiani e Leonardo da Vinci. Ninguna de las dos obras llegó a realizarse. Aquí, Miguel Ángel expresa el drama de la humanidad, aunque de un modo más contenido que el que veremos posteriormente en el Juicio Final.




La tercera escena es El sacrificio de Noé, que alude a la obediencia y a la esperanza. Noé agradece a Dios, y Dios responde estableciendo la alianza simbolizada por el arcoíris, prometiendo no destruir nuevamente a la humanidad. Para Miguel Ángel, esta escena subraya tres ideas fundamentales: la obediencia del ser humano frente a Dios; el sacrificio como elemento de redención que prefigura el sacrificio de Cristo; y la posibilidad de un nuevo comienzo para la humanidad. Se trata, en definitiva, de una relación marcada por la esperanza.



Si tus próximas vacaciones serán en Roma, no dudes en ponerte en contacto para conocer más a profundidad cómo puedes hacer de este viaje algo inolvidable para ti y los tuyos.


 
 
 

Comentarios

Obtuvo 0 de 5 estrellas.
Aún no hay calificaciones

Agrega una calificación

Para conocer periódicamente información de nuevos cursos y conferencias, déjanos tus datos y suscríbete a nuestro Newsletter 

Únete a nuestra comunidad en redes sociales:

  • Instagram - Círculo Blanco
  • YouTube - círculo blanco
  • Facebook - círculo blanco
bottom of page