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LA INFELIZ MATERNIDAD DE LA ERA VICTORIANA.

  • Foto del escritor: Gilma Betancourt
    Gilma Betancourt
  • 11 may 2022
  • 2 Min. de lectura

Desde siempre y hasta el siglo xx la maternidad fue un deber irrecusable para

las mujeres. Consecuencia esperada de la vida sexual activa, para muchos

pensadores, tan solo la maternidad justificaba y redimía la vida femenina.

Pese a esto las mujeres anhelaron y buscaron ser madres, ante todo porque en caso

de no llegar a serlo se las considero seres castrados, inoficiosos e inútiles, lo que en

muchas oportunidades dio lugar al repudio por parte de sus maridos, a la perdida de

su lugar en el núcleo familiar, la exclusión, la reclusión o la muerte.





Esta maternidad además estuvo cersenada, pues a las mujeres se las

enseño a desear únicamente tener hijos varones y a lamentar el

nacimiento de sus hijas; lo que constituye una amputación en

términos de auto reconocimiento y de vínculos de soporte que hubiesen

fortalecido y mejorado su situación en el mundo.




Cada época y cada cultura supusieron sin embargo una manera singular de

ser madre, así ante el desapego del siglo xviii se postula la maternidad

hegemónica del siglo xix y concretamente de la época victoriana.


En efecto será a partir de este momento cuando se reconoce la figura maternal,

la maternidad ya no será simplemente destino, se convertirá en vocación, misión,

realización de la mujer.




La maternidad ennoblece, embellece, engrandece, no se puede ser mujer y no

sentir el impulso materno, que ahora aparece bajo la connotación científica

del instinto.





El rol de esposa queda subordinado al de madre, la mujer se debe ante todo a sus hijos,

no solo a parirlos, sino también a alimentarlos por si misma, cuidarlos, protegerlos,

educarlos y hacer de ellos gentes de bien. La madre suprime y redime a la mujer, la

libera de su rol como pecadora irredenta.


En contraprestación a su abnegación, la mujer recibe el amor y la gratitud infinitas de

sus hijos, pues si estos deben obediencia y respeto a su padre a su madre han de prodigarle

verdadera veneración. Lo que la historia nos muestra es algo muy diferente, mujeres que usan

corsés para ocultar sus embarazos, a veces hasta que estos están muy avanzados.



Guiándose por muchas razones entre ellas, el deseo de conservar su libertad – pues la

embarazada es tratada como enferma. De disimular la actividad sexual, que se hace explicita

con el embarazo, de mantener el empleo en el caso de las mujeres trabajadoras.


Mas allá de este disimular su “ estado interesante” se dieron numerosos casos

de aborto, infanticidio y abandono de los niños no deseados en las llamadas

granjas de bebes.



Será precisamente en este periodo cuando se generaran y

configuraran muchas de las contradicciones que habrán de acompañar a la maternidad contemporánea.


Si quieres saber más sobre el período victoriano, te invitamos a participar de

nuestro ciclo sobre este momento, los días martes de 3:00 a 4 :30 pm, a partir

del MARTES 17 de Mayo 2022. Si deseas más información escribe a










 
 
 

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