Historias de una Muerte Festiva y Coqueta
- Gilma Betancourt

- 29 oct 2025
- 2 Min. de lectura
De la muerte se espera que sea un final, una puerta, un paso; difícilmente que sonría, baile, coquetee o cuestione. Sin embargo, desde finales del siglo XIX, la muerte en México comenzó a bailar. La muerte ya estaba bastante aclimatada en el país desde tiempos prehispánicos, cuando fue reverenciada, ritualizada y comprendida como un vínculo indestructible con la vida. Tan fuerte era este lazo que los aztecas pensaban que, durante el mes de Miccailhuitontli (hacia finales de agosto y principios de septiembre), los muertos regresaban a la tierra para disfrutar de las ofrendas de flores y comida que se dejaban para ellos.

De igual manera, otros pueblos de la región, como los mayas, toltecas y purépechas, creían que el vínculo con los muertos nunca se rompía. Creían que nacemos para morir, morimos para nacer, y que ese largo viaje, lleno de retos y dificultades, finalmente nos une a la nada, que es la muerte. Ese es nuestro destino. La vida, mientras tanto, es un regalo festivo, alegre, colorido y serio.
Así, la muerte llena los espacios, los colma y los domina. Los cráneos preservados en él tzompāntli son un recordatorio permanente, un símbolo de poder. Con la llegada de los españoles, la muerte cambió de apariencia, pero siguió existiendo como una presencia inalterable. Tal vez menos terrible, quizás más esperanzadora, la muerte abrió las puertas del más allá en el siglo XVI, dando paso a la celebración del Día de Muertos, que integró elementos de las creencias prehispánicas. Fue entonces cuando esta festividad cobró forma, y la muerte volvió a ser parte del ritual, fuera de los templos y lejos del control de las iglesias.

Sabías que...
Las primeras calaveras
festivas de México fueron parte de un poemario
de amor y desamor
Las calaveritas son versos humorísticos, satíricos y a veces un tanto irreverentes que se escriben en forma de rima, en los cuales se describe la muerte de una persona famosa, una figura pública o, en este caso, alguien en el ámbito del amor.
Estas calaveritas jugaban con la idea de que la muerte es inevitable, y de cómo incluso en el amor, puede haber finalidades abruptas, fracasos o sorpresas —todo visto con humor y mucha crítica social.


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