Grandes discursos, plazas llenas.
- Gilma Betancourt

- 22 may
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La política colombiana de los años ochenta tenía algo que hoy casi desapareció: los candidatos todavía convivían físicamente con la gente. Se montaban en tarimas improvisadas, dormían en hoteles de pueblo, daban discursos en plazas bajo aguaceros y terminaban atrapados en situaciones absurdas que después se convertían en leyenda oral de campaña. Había menos blindaje, menos cálculo comunicacional y mucho más accidente humano.

De ahí salieron anécdotas extraordinarias. Una de las más repetidas sobre Belisario Betancur ocurría durante sus giras por pueblos conservadores de Antioquia y Caldas. Betancur tenía una manera muy particular de hablar: pausada, poética, llena de frases cultas y referencias literarias que muchas veces dejaban desconcertado al público.
En una plaza, después de una intervención larguísima sobre el destino espiritual de Colombia, un campesino supuestamente le dijo: —“Doctor Belisario, yo no entendí casi nada… pero qué bonito habla usted".
Por: Gilma Betancourt
ESPECIAL ELECCIONES E HISTORIA.




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