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Fiesta. ¿Quién dijo fiesta?

  • Foto del escritor: Gilma Betancourt
    Gilma Betancourt
  • 26 dic 2025
  • 2 Min. de lectura

Cuando pensamos en esta palabra, inmediatamente nuestro espíritu se eleva, nuestro ánimo se transforma; nos sentimos motivados y alegres. Por eso, la fiesta es tan importante dentro del ámbito de la construcción social. Sin ella, las comunidades no estarían tan integradas, no podrían ajustar sus ritmos productivos, no tendrían suficiente arraigo ni desarrollarían esas actitudes de pro actividad que son tan necesarias para impulsar proyectos colectivos.






LA FIESTA QUE HACE QUE NOS UNAMOS


La fiesta nos vuelve solidarios, nos invita a compartir lo que tenemos. Por eso es sinónimo de abundancia, de expansión espiritual, de una conectividad profunda que nos hace sentir pertenecientes, que nos permite identificarnos, acercarnos, incluso a quienes, hasta ese momento, habían sido desconocidos.


La fiesta promueve una gran cantidad de elementos fundamentales: la comida, la bebida, pero sobre todo la proximidad y la alegría, expresadas en las risas, en el baile, en el afecto que se manifiesta en abrazos, miradas y caricias. En la fiesta se afirma la certeza de que somos seres humanos en contacto con otros seres humanos; que, a partir de ese encuentro, nos integramos y estamos dispuestos a luchar juntos, a construir juntos, a soñar juntos, a trabajar juntos.




Por todas estas razones, la fiesta es tan importante.

Pero además, la fiesta —y especialmente la fiesta pública— es un poderoso integrador social: un elemento que promueve y valida los sentimientos y valores que caracterizan a una comunidad.



En el caso de Cali, nuestra fiesta es alegre, abierta y espontánea. Es una fiesta de abrazos, de sonrisas, de baile, de danza y de expresividad. Una fiesta que nos dispone a vencer cualquier barrera que pretenda separar o excluir. En la fiesta bailas con quien está a tu lado, te ríes y compartes sin miramientos.




La Feria de Cali, sobre todo, es una feria incluyente, una celebración marcada por la cercanía y la falta de contemplaciones. Claro, existen espacios para todo el mundo, y también lugares donde la fiesta puede volverse más elitista; pero, en esencia, la fiesta de la calle es callejera, andariega, abierta, cercana y profundamente alegre.


Es una fiesta especialmente animada y ambientada por el ritmo de la salsa, la música que nos caracteriza en primera instancia, y por la música del Pacífico, que completa y enriquece nuestra identidad sonora.




 
 
 

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