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EL FUTURO EN LA MEMORIA

  • Foto del escritor: Gilma Betancourt
    Gilma Betancourt
  • 7 mar
  • 2 Min. de lectura

POR: GILMA BETANCOURT



Ahmed miró a su madre con ojos impacientes mientras ella lavaba los

trastos del almuerzo. Quería salir al patio para jugar con su vieja amiga: la

tortuga, llamada Irán por su tío Karim, quien decía que era como su país: iba


lento, pero era fuerte y siempre sería su refugio.


Karim había traído a Irán cuando Ahmed apenas contaba un año. Cuando el

niño creció, Karim empezó a contarle historias sobre la vida de Irán, algunas

verdaderamente extraordinarias. Incluso le dijo que la tortuga era muy vieja,

tanto que había sido testigo de la guerra entre Alejandro Magno y el gran rey


de Persia, Darío III. Era, por lo tanto, milenaria.






Ahmed era un niño pequeño, pero no tanto como para creerse las historias

por completo. En el colegio había estudiado y sabía que Alejandro y los

macedonios habían estado presentes en su territorio hacía ya mucho, mucho

tiempo. Pensó que sería mucho más correcto imaginar a Irán haciendo parte

de la revolución de 1979, ese momento de su historia que cambiaría por

completo a su país y a su familia.


Al tío Karim no le gustaba mencionarlo ni hablar de ello. Se había sentido

profundamente traicionado por la victoria de los ayatolas. La revolución le

había costado una esposa y dos hermanas, así que trataba de evadir toda

mención y contenerse cada vez que su vecino Osman se vanagloriaba de ser

parte de la Guardia Revolucionaria iraní.




Todos estos pensamientos, tan densos, tan complejos, que habían inundado

la mente del pequeño Ahmed, se volverían polvo en el viento al ver entrar a

Aisha en el jardín. Aisha era una niña pequeña, como él, muy hermosa, sonriente, de ojos

luminosos. Ahmed, aun a sus cortos años, conocía el don de la gentileza, tan

característico de su país, así que tomó una granada en la mano y corrió

hacia ella para ofrecérsela.


La tarde los miraba cómplice mientras los niños jugaban y reían,

persiguiéndose uno al otro, tomados de una misma pañoleta.



 
 
 

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