ARIADNA
- Gilma Betancourt

- 1 jul 2022
- 1 Min. de lectura

Ariadna miro al Minotauro sabedora del poder de su sangre, no temía a la bestia de quien ella era la única compañía, pronto llegaría aquel que habría de poner fin a su drama, no deseaba su presencia, tampoco la temía, la asumía como inevitable y de ese modo la aceptaba, tomo la madeja de hilo y la guardo en su regazo, ultima ofrenda de su amor, se dirigió a la playa y dejó que sus ojos visualizaran el barco que llegaba de Atenas, cargado de odio, de muerte y temor, volvió a mirar al laberinto, quedaba ya poco de su vida, de su historia, de su horror.
Pablo Picasso Minotauro, Gilma Betancourt (texto)




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